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Confundir el Poder con la Violencia: Un Cáncer en el Congreso de la Unión

El Zafarrancho y la Normalización de la Agresión

La reciente escena en el Congreso de la Unión, donde legisladores se golpearon físicamente y coreaban insultos, es un reflejo preocupante de una problemática más profunda: la confusión entre el poder y la violencia. Este incidente, que se sumó a una serie de eventos violentos en el país – desde la mutilación de cuerpos como mensaje hasta los abusos de fuerza por parte de las fuerzas de seguridad – revela un cáncer que amenaza la legitimidad del sistema político mexicano. La violencia, lejos de ser una solución o un medio para imponer la voluntad, es un síntoma de debilidad y frustración, una herramienta utilizada por aquellos que no pueden lograr sus objetivos a través del diálogo y el consenso.

El incidente en el Congreso no fue un evento aislado, sino una manifestación de la dificultad para construir salidas pacíficas a los conflictos. En lugar de buscar soluciones basadas en el respeto mutuo y la negociación, se recurre a la confrontación, al insulto y, en última instancia, a la violencia. La normalización de la agresión es un problema grave, ya que permite que se consideren aceptables formas de violencia como una forma de “educación” o un medio para imponer la voluntad.

El Mensaje Oculto: ¿Qué Significa Esto Para México?

La declaración del senador PRIista, Alito Moreno, que abogaba por “que le pegue dos chingadazos a ese cabrón” para “educar” a la mujer, es un ejemplo claro de este mensaje. No se educa con golpes ni gritos; la legitimidad y el consenso son los pilares del verdadero poder. El hecho de que no haya habido quien salga a pedir disculpas, y que todas las partes opten por jugar a ser víctimas, demuestra la dificultad para reconocer el error de permitir que la violencia se convierta en una herramienta política.

La cobertura mediática también contribuyó a esta narrativa, enfocándose en quién “pegó más” o “mejor”, y calificando las acciones en grados de cobardía o valentía. Se trató la forma, pero no el fondo: se normalizó la agresión y se dejó de lado la condena del uso de la violencia como tal. El debate político, en lugar de abordar las causas subyacentes de la violencia y buscar soluciones a largo plazo, se reduce a una competencia de victimismo y acusaciones.

La Normalización de la Violencia: Un Problema Profundo

El hecho de que los legisladores utilicen las tragedias del país como “carne de cañón” en sus discursos políticos, acusándose mutuamente de si un sexenio fue peor que otro (más muertos, más desaparecidos), es una manifestación de esta cultura. En lugar de buscar soluciones a largo plazo, se perpetúan los ciclos de violencia y victimismo. La normalización de la agresión permite que se consideren aceptables formas de violencia como una forma de “educación” o un medio para imponer la voluntad.

El verdadero desafío no es simplemente condenar los actos violentos, sino comprender las raíces de la violencia y trabajar para crear una cultura de respeto, tolerancia y diálogo. Es fundamental reconocer que la violencia no es una solución, sino un síntoma de problemas más profundos.

El Papel de los Representantes y la Necesidad de Referentes

Como señaló el senador Clemente Castañeda de Movimiento Ciudadano: “Tenemos la responsabilidad de ser referentes de la tolerancia y el respeto, y no abonar a la violencia en ninguna de sus expresiones”. Los representantes populares deben ser modelos a seguir, demostrando que es posible resolver conflictos sin recurrir a la violencia. Es fundamental que los legisladores se comprometan a construir una cultura política basada en el respeto, la tolerancia y el diálogo.

La experiencia de Sofia M. Provencio, presidenta del Consejo Consultivo Ciudadano, Pensando en la CDMX, y subdirectora del Centro de Estudios Legislativos para la Igualdad de Género del Congreso de la Ciudad de México, y colaboradora de Reforma Ciudad y Radio Fórmula, refuerza la necesidad de abordar este problema desde una perspectiva ciudadana y legislativa. Su trabajo en el ámbito del género y la igualdad de oportunidades es un ejemplo de cómo se puede trabajar para combatir la violencia y promover una cultura de respeto.