a large field of green plants with mountains in the background and a cloudy sky above it, with a dir

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Cambios Cruciales para un Sistema Alimentario Sostenible

Reducir el Desperdicio Alimentario

Nuestro sistema alimentario, producto de siglos de transformación del territorio, ha sido fundamental para alimentar a la creciente población mundial. Sin embargo, este proceso ha tenido un costo ambiental significativo. El sistema actual, impulsado por la necesidad de alimentar a una población en constante crecimiento, ha provocado una profunda degradación del planeta.

Un tercio de los alimentos producidos a nivel mundial se pierden o se desperdician. Esto representa una enorme pérdida de recursos, energía y emisiones de gases de efecto invernadero. La sobreproducción y los estándares estéticos que excluyen alimentos con imperfecciones son algunas de las razones detrás de este desperdicio.

Reducir el desperdicio alimentario en un 75% para 2050 podría liberar más de 13 millones de kilómetros cuadrados de tierra, lo que supone ahorrar recursos y dejar de emitir 102 gigatoneladas (102,000 millones de toneladas) de CO₂-eq.

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La transformación del territorio para alimentarnos ha creado diversos tipos de degradación que amenazan nuestra seguridad alimentaria e hídrica. Recuperar los recursos degradados es esencial revertir esta tendencia.Foto: PNOA 2022, Instituto Geográfico Nacional, Fondo Español de Garantía Agraria, Comunidad Autónoma de Andalucía, Comunidad Autónoma de Extremadura y O.A. Centro Nacional de Información Geográfica, CC BY

Restaurar Suelos Degradados

La restauración de los suelos degradados es una estrategia fundamental para asegurar la seguridad alimentaria y hídrica. La agricultura intensiva, el pastoreo excesivo y la deforestación han provocado una pérdida significativa de la fertilidad del suelo, erosionándolo y reduciendo su capacidad para almacenar agua.

Al restaurar los suelos degradados, se puede recuperar la funcionalidad ecológica de 3 millones de kilómetros cuadrados de zonas agrícolas y casi otros 9 millones de km² de zonas naturales. Esto implica no solo la recuperación de la biodiversidad y la fijación de carbono en los ecosistemas, sino también el fortalecimiento de las comunidades locales y los pequeños agricultores a través de prácticas de manejo sostenible del suelo.

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La transformación del territorio para alimentarnos ha creado diversos tipos de degradación que amenazan nuestra seguridad alimentaria e hídrica. Recuperar los recursos degradados es esencial revertir esta tendencia.Foto: PNOA 2022, Instituto Geográfico Nacional, Fondo Español de Garantía Agraria, Comunidad Autónoma de Andalucía, Comunidad Autónoma de Extremadura y O.A. Centro Nacional de Información Geográfica, CC BY

Aumentar el Consumo de Alimentos Marinos

El sistema alimentario actual depende en gran medida de la producción terrestre, lo que implica un alto consumo de recursos y una huella ambiental significativa. El aumento del consumo de alimentos marinos, obtenidos de forma responsable, ofrece una alternativa con un menor impacto ambiental.

Los alimentos marinos requieren muchos menos recursos que la carne roja o los vegetales cultivados. Sustituir el 70% de la carne roja producida de manera insostenible y el 10% de los vegetales por algas y sus derivados podría liberar 17,5 millones km² de tierra destinada a pastos, forraje y piensos (como ocurre con la soja y el maíz forrajero por ejemplo). Al mismo tiempo, se reduciría de forma significativa el impacto del sistema alimentario global: desde las emisiones de gases de efecto invernadero (145 Gt CO₂-eq) hasta la degradación de la tierra, la deforestación, el uso excesivo de agua y la pérdida de biodiversidad.

Los peces pelágicos (aquellos que viven en el océano alejados de la costa), los salmónidos silvestres y los bivalvos de cultivo proporcionan más nutrientes con menos emisiones y una huella hídrica y química sintética casi nula en comparación con la mayoría de las fuentes de alimentos de origen animal terrestre.

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La transformación del territorio para alimentarnos ha creado diversos tipos de degradación que amenazan nuestra seguridad alimentaria e hídrica. Recuperar los recursos degradados es esencial revertir esta tendencia.Foto: PNOA 2022, Instituto Geográfico Nacional, Fondo Español de Garantía Agraria, Comunidad Autónoma de Andalucía, Comunidad Autónoma de Extremadura y O.A. Centro Nacional de Información Geográfica, CC BY

Tres Convenciones que deben ir en una misma dirección

Nuestra propuesta pretende de esta manera abordar conjuntamente los objetivos de las tres Convenciones de Naciones Unidas surgidas de la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro (1992) y dedicadas a los principales retos ambientales de la Tierra:

  • La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), enfocada en reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y mitigar el cambio climático.
  • El Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB), orientado a la conservación de la biodiversidad.
  • La Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD), centrada en combatir la degradación de tierras áridas, semiáridas y subhúmedo secas, promoviendo prácticas de manejo sostenible del suelo y fomentando el desarrollo de comunidades afectadas.

A raíz de las Conferencias de las Partes (COP) de las tres convenciones de Río, celebradas en el último trimestre de 2024, se han impulsado iniciativas conjuntas como el Trío de Río para promover soluciones integradas y sistémicas.

Las COP mostraron un creciente interés en priorizar la tierra y su degradación, así como en reconocer el papel indispensable de los suelos y de la agricultura sostenible para alcanzar estos objetivos.

Sin embargo, los sistemas alimentarios aún no se han incorporado plenamente a los acuerdos intergubernamentales ni reciben la atención suficiente. Las estrategias se centran más en restaurar ecosistemas degradados mediante iniciativas emblemáticas como la Gran Muralla Verde o el Desafío de Bonn.

Aprovechar el potencial de unos sistemas alimentarios sostenibles e integrados no solo ayudaría a alcanzar los objetivos de desarrollo sostenible, sino que también permitiría a los países garantizar un derecho humano recientemente reconocido: el derecho a un medio ambiente limpio y saludable.