a man sitting on a chair in a room with a plant in the corner of the room and a glass door, Erwin Bo

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Puntarena: El Tiempo, la Cocina y la Memoria de un Restaurante Hecho para Perdurar

Un Cuarto de Siglo en la Ciudad de México

En el vasto territorio gastronómico de la Ciudad de México, donde los conceptos brotan, se diluyen, se reinventan y vuelven a empezar con fugacidad, existe un restaurante que ha sabido sostenerse más allá de la moda. Puntarena, a 25 años de su nacimiento, sigue siendo ese espacio de equilibrio donde el mar se interpreta con una delicadeza que sólo puede provenir de un oficio profundamente vivido.

La Historia Detrás del Restaurante

Su historia no comenzó bajo los manteles largos de la gastronomía formal. Estudió en el ITAM, se formó en el lenguaje de las finanzas y la administración pública, trabajó en Nacional Financiera, en la Comisión Federal de Competencia y vivió en Londres e Italia hasta que un viaje breve a México, casi accidental, lo llevó a preguntarse qué pasaría si apostaba por un restaurante.

A los 20 y tantos años, con más impulso que recursos, montó un primer local que recuerda con una mezcla entrañable de ingenuidad y determinación: “La parrilla la hice con un maestro albañil, las freidoras las compré en el mercado de Medellín… todo era improvisado”, confiesa.

La Filosofía de Puntarena

Puntarena nació poco después, casi en paralelo a su matrimonio, y desde el principio se construyó como un restaurante que nunca aspiró a ser un fenómeno mediático, sino un refugio para quienes buscan un mar interpretado con técnica limpia, con respeto por el producto y con un servicio que nunca cae en la rigidez.

Ese equilibrio, tan difícil de lograr en una ciudad que cambia de piel cada año, convirtió a Puntarena en un referente silencioso. Sus platillos emblemáticos, que han mantenido 25 años en carta, son la prueba de que la tradición culinaria puede ser también un acto de resistencia.

El Retorno a lo Esencial

Los años de expansión, sin embargo, trajeron turbulencia. La marca creció de forma acelerada, casi vertiginosa, hasta sumar decenas de unidades y más de 1,000 empleados. “Era como ir en un tobogán engrasado”, relata Rigoletti.

La pandemia, en ese contexto, no sólo fue una crisis; fue un golpe de realidad que le devolvió la brújula. Lo obligó a volver al origen, a esos días en los que la cocina era hogar y no estructura corporativa, a esos momentos en los que el placer de crear un plato valía más que cualquier gráfico de expansión.

Un Futuro con una Nueva Generación

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PUNTARENACortesía

Federico Rigoletti lo resume con una frase que encapsula no sólo el pasado, sino también el futuro del restaurante: “Gracias por estos 25 años. Sobrevivimos, aprendimos y volvimos a empezar”.

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El Pacífico en cada bocado.Cortesía

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FEDERICO RIGOLETTI Y FEDERICA RIGOLETTI RESTAURANTE PUNTARENAGILBERTO MARQUINA

Preguntas y Respuestas Clave

  • ¿Qué hace que Puntarena sea especial? La habilidad de mantener una identidad sólida a lo largo del tiempo, basada en la calidad, el respeto por los ingredientes y un servicio que no cae en la rigidez.
  • ¿Cómo ha evolucionado Puntarena? Después de un período de expansión, la pandemia obligó a Rigoletti a regresar a los orígenes, reconectando con el ritual de la cocina y valorando el placer de crear un plato.
  • ¿Cuál es la visión para el futuro? Un enfoque en preservar los valores fundamentales del restaurante, con la incorporación de una nueva generación liderada por su hija, Federica.