two men standing next to each other in front of clocks on a wall with a clock behind them and a ligh

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La Arquitectura Detrás de Millesime 2025: Un Vagon de Tren para una Experiencia Única

El Diseño Arquitectónico que Realza la Cocina y el Ambiente de Millesime

La arquitectura juega un papel fundamental en eventos como Millesime 2025, donde la experiencia se construye a través de todos los sentidos. En este año, Javier Rivero Borrell y Sebastián Canales, socios de CRB Arquitectos, fueron seleccionados para intervenir en uno de los restaurantes del evento, y su objetivo fue crear un espacio que no solo fuera visualmente atractivo, sino también funcional para la operación y el disfrute de los comensales.

En Millesime, nada es casual: el menú, la música, la iluminación y hasta el ritmo con el que entran y salen los platos responden a una misma coreografía. En esa puesta en escena, la arquitectura no es un telón de fondo, sino el marco que permite que todo suceda.

El proyecto se centró en la creación de un restaurante con una fuerte referencia a la Belle Époque y los trenes de lujo. La idea era condensar el espíritu de viaje, fiesta y sofisticación que pedía el evento, pero sin caer en una recreación literal de un salón de época. En lugar de “un salón ambientado en los veinte”, se buscó crear un vagón más contemporáneo, compacto y envolvente, que funcionara como restaurante dentro del caos controlado de Millesime.

El diseño se caracterizó por la búsqueda de una atmósfera íntima y acogedora, evitando espacios demasiado grandes o reverberantes. Se priorizó la creación de una caja de zapatos, un volumen contenido sin ventanas al exterior, capaz de aislar por unos minutos del ruido del resto del recinto. Sin embargo, la complejidad no residía en la forma, sino en todo lo que había detrás: tiempos de montaje mínimos, módulos prefabricados que debían ensamblar casi como piezas de Lego, instalaciones resueltas a contrarreloj y un festival entero montándose alrededor.

Cruzar la Cortina: Una Experiencia Inesperada

El factor sorpresa fue una obsesión desde el inicio. La entrada al vagón se planteó sin dramatismo, casi discreta. La experiencia debía ocurrir unos pasos después, al cruzar la cortina y descubrir un interior que no correspondía al típico salón de evento. Varios de los primeros comentarios de los asistentes apuntaron justo a eso: “pasas la cortina y estás en un vagón de tren”. Esa frase, cuentan, fue una de las mayores confirmaciones de que la idea funcionaba.

Otro límite que se impusieron fue evitar la escala de “salón de bodas”. No querían un espacio descomunal, de techo altísimo y reverberación brutal, ni una caja donde el ruido devorara cualquier conversación. Ajustaron proporciones y alturas para que el restaurante mantuviera una dimensión humana, capaz de generar ambiente sin volverse estridente. No se trataba de impresionar con volumen, sino de sostener la intimidad de la mesa en medio de un evento masivo.

Arquitectura al Servicio de la Cocina

En la entrevista, Javier y Sebastián insisten en algo que se suele olvidar cuando se habla de espacios gastronómicos: por más espectacular que sea el diseño, si no funciona para la operación, fracasa. En el vagón de Millesime, los recorridos de las brigadas fueron tan importantes como la estética. Había que prever el paso continuo de charolas, carros de vino, cocineros invitados y sommeliers sin que el comensal sintiera el ajetreo.

Eso implicó pensar en anchos de pasillo, giros, puntos de cruce y zonas de servicio con la misma seriedad con la que se elegían materiales o luminarias. El restaurante debía permitir un servicio ágil en los momentos de máxima presión, pero manteniendo al mismo tiempo la sensación de fluidez. La arquitectura, en ese sentido, se comporta como una coreografía silenciosa: organiza el movimiento, lo hace posible y lo ordena sin querer robar cámara.

Creatividad, Referentes y Trabajo de Taller

Ellos mismos lo dicen: en Millesime confluyen muchas disciplinas —cocina, sala, coctelería, montaje, producción— y la arquitectura es sólo una pieza más. No se trata de que el espacio sea la estrella, sino de que realce la cocina y el evento. Si los invitados recuerdan la atmósfera y la comida como un todo coherente, la misión está cumplida.

Detrás del vagón de la Belle Époque no hay un gesto espontáneo, sino un método. Ambos coinciden en que la creatividad sigue siendo la base del oficio, pero no como acto de genialidad aislada. “Nadie inventa el hilo negro”, resumen; el trabajo está en cómo se leen y se recombinan los referentes para un proyecto específico.

En el taller de CRB eso se traduce en mucha lectura, consulta de libros, revisión de imágenes, discusión de ideas y una concepción del diseño como trabajo colectivo. El vagón exigió llevar ese proceso a un tiempo casi de cocina de servicio: decisiones rápidas, iteraciones constantes, ajustes sobre la marcha. La estructura modular permitió hacer pruebas y corregir; el diseño interior terminó de cerrarse cuando los arquitectos pudieron recorrer el espacio casi como lo haría un comensal.

Preguntas y Respuestas Clave

  • ¿Cuál fue el principal desafío del proyecto? La creación de un espacio que fuera funcional para la operación y al mismo tiempo evocara la Belle Époque y los trenes de lujo, sin caer en una recreación literal.
  • ¿Cómo se abordó la cuestión del ruido? Se evitó la creación de un espacio demasiado grande o reverberante, priorizando una dimensión humana capaz de generar ambiente sin volverse estridente.
  • ¿Cómo se organizaron los recorridos de las brigadas? Se pensaron anchos de pasillo, giros y puntos de cruce para facilitar el movimiento de personal sin que el comensal sintiera el ajetreo.
  • ¿Qué papel tuvo la estructura modular en el proceso de diseño? Permitió hacer pruebas y corregir el diseño a medida que se avanzaba, finalizando el diseño interior cuando los arquitectos pudieron recorrer el espacio como si fueran comensales.