Mientras la prensa se centraba en los efectos de los aranceles impuestos por el presidente Trump, este sábado, cinco millones de estadounidenses salieron a las calles en 50 estados, incluso en áreas conservadoras, bajo el lema “¡Saquen las manos!”. Estas personas, de diversas ocupaciones y posiciones políticas, protestaron por defender el seguro social, la diversidad, la educación, los derechos laborales, la libertad de expresión, pensamiento e investigación.
La mayoría de los principales periódicos minimizaron estas movilizaciones, evitando reconocerlas como una respuesta social a la política de crueldad de la tecno-autocracia que amenaza el sistema económico internacional y las instituciones democráticas estadounidenses. Estos medios parecen desinformar intencionalmente sobre el poder de la resistencia civil, similar a cómo olvidaron la historia de movilizaciones que culminaron en el reconocimiento de los derechos civiles.
Además de las protestas, organizaciones como ACLU y sindicatos como AFGE han interpuesto múltiples recursos legales para defender los derechos humanos y laborales. Estos recursos son importantes en un sistema donde el poder judicial todavía tiene autoridad.
Tres profesores de renombradas facultades de derecho sugieren que las universidades amenazadas por la política represiva del gobierno deben unirse en un litigio estratégico para defenderse y preservar su misión educativa. Ceder o litigar por separado sería arriesgado; presentar recursos legales coordinados daría más poder a estas instituciones y demostraría su compromiso con las libertades fundamentales.
La resistencia civil desde lo local es fundamental en este momento de crisis, ya que da esperanza y invita a coordinar acciones con otros grupos. En estos tiempos obscuros, recordar las palabras del senador Cory Booker: “El poder de la gente es superior al de quienes están en el poder”.



