El candidato presidencial de Colombia, Miguel Uribe, se encuentra en estado crítico tras ser baleado la semana pasada durante un evento público. Este incidente ha reabierto heridas profundas en el país, recordando los horrores de la guerra contra el narcotráfico y los asesinatos políticos que marcaron las décadas de los 80 y 90, cuando el narcotraficante Pablo Escobar dominaba el país. La gravedad de su condición exige una respuesta urgente y la identificación de los responsables detrás de este atentado.
El senador, de 39 años, fue ingresado en un centro médico el 7 de junio con tres heridas de bala: dos en la cabeza y una en la pierna. Tras un primer intento de cirugía el mismo día, se le sometió a una nueva intervención quirúrgica este lunes debido a un sangrado “agudo” en el cerebro. Según los médicos, su situación actual es “extremadamente crítica”, caracterizada por un edema cerebral persistente y sangrado intracerebral de difícil control. Este deterioro drástico en su salud, que llegó después de una breve fase de mejora el miércoles, exige atención médica inmediata y recursos para su recuperación.
La esposa del candidato, María Claudia Tarazona, ha declarado que este es el “batalla más difícil” desde el atentado. La gravedad de la situación ha provocado una ola de condena y solidaridad a nivel nacional, con miles de personas marchando en Bogotá y otras ciudades del país para rechazar la violencia y exigir justicia. Este incidente no solo pone en riesgo la vida de Uribe, sino que también amenaza con desestabilizar el proceso político colombiano y revertir los avances logrados en materia de paz y seguridad.
El caso se asemeja a los horrores del pasado, cuando durante la guerra contra el narcotráfico, cuatro candidatos a la presidencia fueron asesinados. La investigación actual busca identificar no solo al presunto sicario, sino también a los responsables de proporcionar el arma y a otros cómplices. Un cuarto implicado, según reportes de los medios locales basados en interrogatorios, es clave para la investigación ya que se presume que conoce la identidad del autor intelectual.
El abogado de Uribe, Víctor Mosquera, ha revelado que los avances de la investigación sugieren que detrás del ataque se encuentra una “organización estructurada” con “antecedentes de atentar contra líderes de la derecha”. “No es simplemente un grupo delincuencial cualquiera”, sino una “organización criminal” con “poderío económico”, afirmó el abogado, sin dar más detalles para no perjudicar las pesquisas. Esta revelación sugiere que este atentado podría estar vinculado a una red criminal más amplia con recursos y conexiones significativas.
Es importante recordar que Uribe es un crítico firme de la venta y consumo de drogas, y algunas de sus propuestas políticas se centran en la lucha contra los vendedores de sustancias ilegales en las ciudades. Este compromiso con la seguridad y el orden público podría ser un factor que explique su vulnerabilidad ante este tipo de ataques.
El presidente Gustavo Petro ha mencionado entre las hipótesis a los disidentes de la extinta guerrilla FARC que no se acogieron al acuerdo de paz de 2016. También sospecha de una supuesta mafia de narcos colombianos y extranjeros con sede en Dubái. Estas sospechas apuntan a una red criminal internacional que podría estar operando en Colombia y buscando debilitar las instituciones democráticas.
Preguntas y Respuestas Clave
- ¿Cuál es el estado actual de Miguel Uribe? Está en estado crítico, con un sangrado cerebral agudo y edema cerebral persistente.
- ¿Quiénes son los implicados en el atentado? Se han detenido a un presunto sicario, un hombre que entregó el arma y una mujer que lo acompañaba. Un cuarto implicado sigue libre, pero se presume clave para la investigación.
- ¿Qué tipo de organización se sospecha detrás del atentado? Se sospecha una “organización criminal” con “poderío económico”, vinculada a disidentes de la guerrilla FARC y una posible mafia narcos colombiana y extranjera.
- ¿Qué ha dicho el presidente Petro sobre las posibles causas del atentado? El presidente sospecha de disidentes de la FARC y una mafia narcos colombiana y extranjera.



