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Donald Trump y la Historia: Un Uso Político del Pasado

El Confundido Siglo XIX de Donald Trump

Dejando de lado el contexto, Trump celebra la guerra contra México

Donald Trump ha demostrado una habilidad notable para utilizar la historia no como un referente de aprendizaje, sino como una herramienta para justificar sus políticas actuales. Esta semana, en lugar de enfocarse en los desafíos del presente, decidió celebrar los 178 años de la guerra entre Estados Unidos y México (1846-1848), presentándola como una especie de “final del Super Bowl”. Esta celebración, lejos de ser un acto histórico respetuoso, refleja una profunda desconexión con la realidad y una manipulación consciente del pasado.

Para Trump, la guerra contra México no fue un episodio vergonzoso de expansión imperial, sino un “tutorial del siglo XIX” que sigue siendo relevante. Su lógica se basa en la idea de “invadir primero, explicar después y llamar ‘derecho divino’ a lo que antes se llamaba rapiña”. Esta visión, tan elaborada como contradictoria, le permite justificar políticas migratorias, de seguridad y comerciales basadas en una retórica que recuerda a las ideologías del siglo XIX.

Deformación Histórica y Sinceridad Involuntaria

Lo más sorprendente de esta situación no es solo la deformación histórica, sino la aparente sinceridad con la que Trump la presenta. No oculta que su ideología se basa en principios del siglo XIX, y de hecho, la presume. Cree firmemente en el ‘derecho divino’ para controlar el continente, como si la Casa Blanca fuera una monarquía o como si hubiera recibido instrucciones directas de Dios. Esta visión se manifiesta en su uso constante de la frase “Destino Manifiesto versión streaming”, refiriéndose a la expansión estadounidense.

En su relato, Estados Unidos “ocupó heroicamente” la Ciudad de México en septiembre de 1847, exaltando a generales como Zachary Taylor y Winfield Scott, considerados símbolos de la supremacía militar estadounidense frente a un enemigo “numéricamente superior”. Sin embargo, Trump omite crucialmente los factores que realmente llevaron a la victoria estadounidense: el superior armamento, los recursos ilimitados y el apetito territorial que hoy se disfrazan de ‘seguridad nacional’.

El Pasado como Manual de Instrucciones

La pérdida de más de la mitad del territorio mexicano durante la guerra es un hecho histórico doloroso. Trump lo presenta como una celebración política, revelando una incapacidad para distinguir entre pasado y propaganda. No conmemora la historia; la recicla, la explota y la saquea como un territorio conquistado. Para Trump, los años 1846-48 no son simplemente el pasado; son un “manual de instrucciones” para replicar estrategias en cualquier época.

Esta estrategia se basa en confundir bayonetas con argumentos, territorios usurpados con trofeos y la supuesta ‘justicia’ con política pública. El presidente no gobierna mirando al futuro, sino que se basa en un mapa antiguo con ambición actual. Al confundir historia con permiso, conquista con grandeza y fuerza con razón, no está defendiendo una frontera; está levantando un muro mental del tamaño del siglo XIX con la pretensión de que el mundo moderno se estrelle contra él.

Preguntas y Respuestas Clave

  • ¿Por qué celebra Trump la guerra contra México? Para justificar sus políticas migratorias, de seguridad y comerciales, apelando a una narrativa de “destino manifiesto” y supremacía militar.
  • ¿Cómo justifica Trump la victoria estadounidense en la guerra? Argumentando que Estados Unidos “invadió primero” y tenía el “derecho divino” para expandirse.
  • ¿Qué omite Trump al hablar de la guerra? Los tratados desiguales, la doctrina Monroe, la diplomacia cañonera y las injusticias sufridas por México.
  • ¿Qué revela esta celebración de Trump sobre su ideología? Que su ideología se basa en principios del siglo XIX, como el ‘derecho divino’ para controlar el continente.
  • ¿Por qué se considera esta acción una manipulación de la historia? Porque Trump utiliza el pasado para justificar políticas actuales sin considerar el contexto histórico ni las consecuencias de la guerra.