El Lenguaje de la Salud Pública y sus Limitaciones
Durante las últimas décadas, el discurso de salud pública ha experimentado una notable transformación. Se han popularizado términos como “determinantes sociales,” “comerciales,” “ambientales” y “políticos” para describir los factores que influyen en la salud. Inicialmente, esto parecía una expansión del horizonte de la salud pública, reconociendo que la salud no depende únicamente de hospitales y médicos, sino también de factores sociales y económicos. Sin embargo, bajo esta superficie se esconde una continuidad más profunda que la novedad proclamada: una persistencia de la lógica causal, aunque el lenguaje haya cambiado.
La Persistencia de la Lógica Causal
Antes de los determinantes, las enfermedades eran atribuidas a causas específicas: bacterias, virus o factores biológicos. Ahora, esas mismas fuerzas se traducen en determinantes sociales: la pobreza, el desempleo, el alcohol barato o las políticas fiscales. La estructura conceptual fundamental permanece: factores externos producen efectos internos. La salud se define por sustracción, por la ausencia de riesgo –lo que podría ser una afirmación de capacidades vitales queda reducido a una suerte de residuo epidemiológico. Un país “gana salud” cuando pierde muertes o ingresos hospitalarios: medimos lo que desaparece, rara vez lo que emerge.
Este cambio de paradigma hacia los “determinantes” no es una innovación radical, sino una adaptación del lenguaje. El vocabulario se renueva, pero la sintaxis mental –la forma en que pensamos sobre la salud– permanece esencialmente igual. La salud pública global adoptó estos marcos porque permiten incorporar temas sociales sin tocar los cimientos técnicos de la gobernanza sanitaria: indicadores, metas y comparaciones internacionales.
El Desafío Epistémico: De la Observación alívida a la Comprensión Relacional
El desplazamiento semántico hacia lo positivo –“determinantes de la salud” en lugar de “causas de enfermedad”— también suaviza el conflicto. Es más cómodo hablar de salud que de enfermedad, más neutro decir “determinantes sociales” que “estructuras que enferman”. La elección del término despolitiza el fenómeno. El lenguaje positivo convierte el daño en variable técnica, la desigualdad en gradiente, la injusticia en coeficiente estadístico. La violencia laboral, el racismo o el patriarcado aparecen como “factores asociados”, nunca como relaciones de poder que organizan cuerpos y territorios.
Esta operación no es inocente. El discurso de los determinantes permite hacer visible el daño sin nombrar directamente a los actores que lo producen. Permite denunciar sin incomodar demasiado. Es un lenguaje compatible con un mundo que celebra la evidencia mientras evita el conflicto estructural. Los determinantes sociales florecieron precisamente porque eran neutros, porque no exigían interrogar las estructuras que los producen, porque podían incorporarse sin reconfigurar el orden existente. El éxito de los determinantes está en que politizan el vocabulario sin politizar la episteme. De allí la paradoja: hablamos de determinantes sociales de la salud, pero rara vez cuestionamos la organización social que determina a esos determinantes.
La Medición del Daño vs. la Comprensión de la Vida
Esta asimetría se manifiesta también en la forma en que medimos. Nuestros sistemas de información registran con enorme detalle muertes, ingresos hospitalarios, casos nuevos y factores de riesgo. En cambio, casi no disponemos de métricas consistentes sobre vínculos comunitarios, autonomía, sentido de proyecto de vida o capacidad de cuidado mutuo. El aparato estadístico que sostiene a la salud pública fue diseñado para perseguir enfermedad, no para comprender salud.
La trampa de los determinantes no radica tanto en su insuficiencia técnica, sino en su éxito conceptual. Permiten hablar de justicia sin nombrar injusticias, de salud sin nombrar vida, de prevención sin nombrar cuidado. Nombran la salud mientras refuerzan la episteme que la vuelve invisible. Tal vez la originalidad ya no consista en inventar nuevos determinantes ni en añadir adjetivos a la palabra salud, sino en algo más simple y exigente: atreverse a nombrar la vida que queremos defender y el tipo de mundo que la hace posible.
Preguntas y Respuestas Clave
- ¿Por qué el cambio hacia los “determinantes sociales” no es una verdadera innovación?
Porque la estructura conceptual fundamental (factores externos producen efectos internos) se mantiene, aunque el lenguaje haya cambiado. - ¿Qué es lo que se pierde al enfocarse en “medir el daño” en lugar de comprender la vida?
Se pierde la capacidad de nombrar y abordar las relaciones de poder, los vínculos comunitarios, la autonomía y el sentido de proyecto de vida. - ¿Por qué los determinantes sociales han sido tan exitosos?
Porque son neutros, no exigen cuestionar las estructuras que producen la desigualdad y pueden incorporarse sin reconfigurar el orden existente.



