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Pensamiento en la Era de los Datos: Recuperando el Denominador

El Desafío del Numerador y la Pérdida de la Intuición

En 2026, nos encontramos ante una paradoja: nunca hemos tenido tantos datos sobre la vida colectiva, pero paradójicamente, pensamos cada vez menos como población. Esta situación se manifiesta especialmente en el ámbito de la salud pública, donde el dominio del “numerador” (los datos aislados: casos, muertes, consultas, delitos) ha eclipsado la comprensión del “denominador” (la proporción real del daño, la justicia comparativa y las necesidades de la población). Esta situación se ha convertido en una tendencia preocupante, que requiere un análisis profundo y una posible solución.

El Cerebro y la Economía de la Disponibilidad

Daniel Innerarity ya señaló hace unos días en El País que “Pensar cansa y, por eso, el escándalo suele gobernar el debate público”. Esta idea se refleja en la salud pública, donde el cansancio adopta una forma concreta: el dominio del numerador. El cerebro no fue diseñado para sostener la incertidumbre ni leer tableros, sino para sobrevivir: privilegia lo saliente sobre lo invisible y lo cercano sobre lo abstracto. La “heurística de disponibilidad” – esa tendencia a estimar riesgos según la facilidad de recordar ejemplos– no es un vicio moral; es economía de energía (Tversky, A., & Kahneman, D. 1973). Para el cerebro, cerrar cuesta menos energía que mantener abiertas alternativas. El cierre tranquiliza, reduce ansiedad y devuelve una sensación de control.

El Mercado de la Atención y la Saturación de Información

En la práctica, preferimos el número que se entiende de un vistazo al que exige detenerse y preguntar “¿de cuántos?” o ajustar por población. El numerador grita como suceso; el denominador susurra como estructura. No basta con culpar a la biología. Esa economía mental siempre existió, pero ahora vivimos en un régimen que la explota. Como ha sugerido Byung-Chul Han (2012), el cansancio contemporáneo no es solo fatiga individual: es una forma de vida orientada al rendimiento que empuja a la hiperactividad y erosiona la pausa. La crisis de atención no es solo psicológica: es una forma de organización social. La saturación de información nos induce a competir por segundos, no a comprender.

El Numerador en la Salud Pública: Eficiencia vs. Necesidad

En salud pública este mecanismo tiene consecuencias particulares. De origen, su propuesta metodológica fue transformar suceses dispersos en entendimiento colectivo: observar series de tiempo, comparar territorios, ordenar causas, detectar desigualdades y deliberar prioridades. La salud pública no nació para producir épicas, sino una razón práctica: la del cuidado. Para eso necesita instrumentos: registros, clasificaciones, tasas, denominadores. No para estandarizar la vida, sino para volverla visible en su dimensión poblacional (Rose, G. 1985).

Sesgos y la Fabricación de Éxito o Fracaso

Medir, aquí, es situar. Con el tiempo esa maquinaria se cruzó con otra lógica: la de la gestión por metas y la comunicación política. Y el numerador encontró su hogar. Contar es auditable y produce frases que caben en discursos: “atendimos X”, “bajaron Y” “subieron Z”. El denominador, en cambio, obliga a hablar de lo incómodo: necesidad en poblaciones, acceso, subregistro, desigualdad territorial. El denominador no da aplausos; da responsabilidad. Por eso se vuelve invisible, no solo por economía mental, sino por economía política.

El Problema de la Eficiencia sin Necesidad

Los sesgos implícitos agravan el problema. No solo cognitivos, también sociales: ¿quién llega al sistema?, ¿quién es diagnosticado?, ¿quién es registrado? La desigualdad no solo determina enfermedad, sino visibilidad estadística. Cuando ciertos grupos quedan fuera del denominador –por precariedad, lengua, migración o violencia– la salud pública produce una imagen parcial del mundo y actúa como si fuera completa. Esa es la forma más dura de traición: no la simplificación inevitable, sino la que recae siempre sobre los mismos cuerpos.

Alfabetización del Juicio: Recuperando la Intuición

La respuesta estándar a estos problemas es la alfabetización de datos. Pero no considero que alcance solo con eso, lo que se necesita es la “alfabetización del juicio”: una práctica de atención, duda y proporción que nos devuelve el denominador, la incertidumbre y la responsabilidad de comparar sin traicionar. Pero si se ofrece como solución individual (“aprenda a leer tasas”), se repite la lógica de convertir un problema estructural en tarea personal. Si solo se alfabetiza a profesionales, se deja intacta la economía mediática del escándalo.

El Numerador y el Denominador: Una Nuevaño de Trabajo

Necesitamos alfabetización como política del entorno: rediseño de incentivos, formatos y rituales. Para los decisores políticos la alfabetización no es un curso, sino un cambio de contrato: ninguna meta programática sin denominador. No basta contar servicios; hay que declarar la población objetivo.

Preguntas y Respuestas Clave

  • ¿Por qué es tan importante el “denominador” en la salud pública? Porque nos permite comprender la magnitud real del problema, las necesidades de la población y la equidad en el acceso a los servicios.
  • ¿Por qué se ha perdido la capacidad de pensar en términos de “denominador”? Debido a la sobrecarga de información, la presión por resultados inmediatos y el dominio del numerador (los datos aislados).
  • ¿Qué se entiende por “alfabetización del juicio”? Es la habilidad de analizar datos, considerar las implicaciones y tomar decisiones teniendo en cuenta la perspectiva de la población afectada.
  • ¿Cómo se puede fomentar la “alfabetización del juicio”? A través de la promoción del pensamiento crítico, el diálogo y la consideración de las implicaciones sociales de los datos.

Referencias

  • Han, B.C. (2012). La sociedad del cansancio. (Trad. de A. Domingo). Herder Editorial
  • Rose, G. (1985). Sick individuals and sick populations. International Journal of Epidemiology,14(1), 32–38.
  • Tversky, A., & Kahneman, D. (1973). Availability: A heuristic for judging frequency and probability. Cognitive Psychology, 5(2), 207–232.

*El autor es profesor Titular del Dpto. de Salud Pública, Facultad de Medicina, UNAM y Profesor Emérito del Dpto. de Ciencias de la Medición de la Salud, Universidad de Washington.

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